BATALLA QUE NUNCA GANO
Hace tiempo tuve un sueño hermoso y lleno de luz. No sé de dónde lo saqué, qué ingredientes utilizó la batidora que es el inconsciente para cocinarlo... nunca he logrado describirlo tal y como era. De vez en cuando trato de recuperarlo, cambio unas palabras, quito otras... Si estuviera escrito a mano parecería "la encina", el poema que virginia woolf hizo que orlando remendara una y otra vez, de inglaterra a turquía. (qué pasa, es que lo estoy leyendo ahora)
Ahí va lo que creo que fue, aunque nunca consigo devolverle la luz, el calor, el polvo levantado por la vieja camioneta...
"Desierto americano. Sólo hay una gasolinera, o un pueblo de dos casas cada muchas millas. Luz rojiza, tierra tostada y viejo camino. Una camioneta azul, destartalada, de esas con la parte trasera descubierta, avanza traqueteando. En la cabina una pareja joven, no aparentan más de treinta y pocos, con dos niños. El mayor debe de tener unos siete años, y la pequeña, cuatro o cinco. El niño tiene el pelo rubio de su madre, y su hermana es castaña, como su padre. A veces creo que los dos eran rubios, no lo sé. Pero eso es lo de menos.
Los dos hermanos llevan en los brazos, la cara y la espalda formas caprichosas, en verde, rellenas de dorado. Dibujos curvados, enlazados unos con otros. El dorado brilla, brilla bajo el polvo.
No lo he visto, pero han parado en un bar de carretera.
Los muebles del local son como los de las antiguas películas de vaqueros, con mesas toscas y redondas, de madera. Los niños echan a correr nada más bajar de la camioneta, entran hasta la cocina, riendo y haciendo reír a todos. Juegan. Los padres entran, el brazo de él rodeando la cintura de la madre. Sonríen y miran a sus hijos. Los niños dejan de corretear y se sientan enfrente de sus padres. El mayor, que no lleva camisa, mira a su hermana con cara seria. Le han dicho que tiene que cuidarla. La chiquilla sonríe, y parece un hada.
Su madre la atrae hacia ella y con un bolígrafo verde le dibuja lunas y estrellas en la frente. Con cuidado, los bordes finos. LA pequeña se está muy quieta. El niño mira sus brazos, que empiezan a perder el color, y pregunta cuándo le pondrá su madre el dorado. “Más tarde”, le dicen.
Poco después, están de nuevo en la carretera. Él conduce, y ella colorea a sus hijos con polvo de oro. En la parte de atrás, bajo una lona, lingotes de oro."
Eso era, pero no exactamente eso. Será porque los sueños no nos pertenecen del todo. Desperté con una sonrisa.
Señora escritora, sus fans solicitan una novela en todo orden...
Arwen — 02-03-2005 20:00:12

y no he vuelto a soñar con ellos.Crispa — 02-03-2005 23:23:01