RECORRER MADRID PARA PODER RECORRER EL MUNDO.
Estimados pequeñuelos:
Ésta es la historia de una Crispa cualquiera, que un día se embarcó en un viaje no planeado.
Ocurre que en verano vamos a Botswana (YUHUUU!!!!
) lo que viene a ser mi familia, menos el perro. Como hay que vacunarse de cosas, y para eso primero hay que saber de qué tenemos que pincharnos, alguien tenía que ir a "Sanidad exterior". Y como yo no tenía nada mejor que hacer, me fui para allá.
En primer lugar, como chica lista (y de pueblo) que soy, miré por internéss cómo ir hasta el lugar en cuestión, y me lo apunté en una chuleta con la dirección.
Según el consorcio de transportes de la city, había dos maneras de ir:
A) en metro, línea 6 hasta Diego de León y andar un pelín;
B) en bus, circular1 durante 21minutos y no andar casi.
Yo siempre voy en metro, no porque me guste más sino porque al ir viendo las paradas, el riesgo de despiste y equivocaciones se reduce. Se reduce porque tratándose de mí, desaparecer no va a desaparecer.
Lo malo es que luego me siento como una paleta, porque no soy capaz de ir a ningún sitio en bus, y como además en el metro no se ve nada, no conozco nada de Madrid. Que las calles que me suenan son las del monopoly, vaya.
Así que decidí ir en bus como forma de superación personal. Me puse las excusas de que tarda menos (¿¿??) y no es tan agobiante como el metro cuando hace calor (esa podría valer si ese día no hubiera llovido).
Pero claro, llegué a Moncloa, y como hay unos 5 tramos de obras en la zona, todas las paradas están en sitios raros y no encontre la del C1.
Pero sí la del c2.
Y como total, también pasaba por Francisco Silvela, dije "pues cojo éste."
Bien, ahora imaginemos la clientela de cada dia de las mercerias de la Plaza de Pontejos. Es la mejor definición que se me ocurre, pero comprendo que es limitada, así que intentaré describirlas así en resumen:
Son jubiladas que te empujan, que se cuelan, que se quejan de que no hay respeto a los mayores mientras de un codazo te mandan al otro extremo de la tienda.
Y ahora, pequeñuelos, imagináos a todas esas buenas señoras en un bus, y a mí en el mismo bus.
Obviamente, sentarme en semejante compañia hubiera sido lo mismo que un suicidio. Pero tampoco me importó, por 21 minutos no me importa ceder el asiento a señoras mayores. Aunque fuera a temperatura polar/aire acondicionado.
Una hora y cuarto mas tarde...
Llegué a mi destino, tras una agradable ruta turistica por, entre otros, Príncipe Pío, la escuela de ingenieros industriales de la politecnica, Atocha... No era consciente de la cantidad de vueltas que puede dar un sólo autobús, y de cómo los atascos pueden hacer que una se fije en tantos detalles arquitectónicos de la acera en la que está el eterno semáforo en rojo. Por suerte sólo fui de pie la mitad del trayecto, se bajaron las viejecillas y me pude sentar
Pero a lo que iba: ¡Por fin había llegado! Bajé del imperio del aire acondicionado, pude quitarme el jersey, y me fui con mi chuleta de notas, al numero 53.
Que por cierto estaba al lado de una parada de metro. A la que se tardan unos 20 minutos (minutos de verdad, no de los del consorcio de transportes) desde Moncloa. Mejor no pensarlo.
Sabía que eso de las vacunas estaba en un primero, y como había dos primeros y no ponía nada... llamé a los dos. Pero no me abrían.
Así que llamo a la portería y pregunto, "es aquí sanidad exterior?"
Y me responde un firme: "¡Sí!"
Me abren mientras vuelven a decir "¡Sí!"
Ya a medio camino del primero, en la entreplanta, veo delante de mí una enorme masa de carne de portero, con pantalon azul (como los monos de trabajar de toda la vida) por toda vestimenta.
En cualquier caso, y dado que se iba hacia otro lado, no le preste atencion ni a su barriga tampoco.
Aunque ésta parecia ser un ente independiente.
Y mientras subo le oigo gritar otra vez: "¡Sí!"
Aquí ya empecé a pensar que igual no era a mí a quien le decia que sí.
Total que llego arriba... y las puertas como que tienen pinta de casas. Además, no me decidia si llamar al 1ºA o al B
. Vuelvo a bajar, llamo al portero (mirando a la pared opuesta) y mientras le cuento vuelve a decir "¡síi!" un par de veces. Sale, ya con una camisa a juego con el pantalon, aunque eso sí, sin abrochar, y me dice que no, que sanidad exterior es el portal 57. Amablemente, (sin ironías) me dice que estaba al telefono
y por eso el malentendido.
Salí, maldiciendo mi chuleta de notas mal tomadas.
Fui al nº57 y enseguida me dieron cita con el médico para hoy. Ahora ya no llegas y te informan, sino que te dan cita para que otro día te informen y vacunen de lo que haga falta.
(Sí, mas de una hora de viaje para cinco minutos... y podía haberlo arreglado por teléfono. No soy demasiado eficiente, la verdad.)
Claro que era imposible saberlo, porque el sistema de citas comenzaba precisamente ayer.
A pesar de todo el lío, estaba contenta por haberlo encontrado,
y por la ruta turística por una ciudad que resulta bonita si consigues ver algo a través de los andamios y las zanjas.
Feliz como una perdiz me encaminé a la oficina de mi madre, a llevarle la cartera que se había dejado en casa.
Más que nada, para poder comprarnos el abono transporte.
Pero eran las dos y poco, y mi madre no estaba en la oficina.
Hubo un tiempo en que, cuando mi madre decía que no había comido, o bien sólo habia comido un pincho de tortilla, me daba penita.
Ahora ya sé que muchas veces utiliza su hora de comer para ir a la peluquería, y no me da penita.
Arreglada la cita y entregada la cartera a mi madre en la peluquería, fui a casa de ariela, a comer primero y estudiar despues.
Claro que los acontecimientos redujeron levemente el tiempo de estudio, pero esas son cosas que pasan.
Y eso es, sin resumir ni ná, lo que hice el lunes. Ahora voy a que me pinchen ![]()
EDITANDO MÁS TARDE: ¡¡Hurra, no hay pinchazo!! No es que las agujas sean mi mayor miedo, pero prefiero tampoco me voy a quejar si las vacunas requeridas son pastillas ![]()
Nadj — 02-06-2005 09:54:26
Brocco — 08-06-2005 02:32:15