POST VIRTUAL Y TODO ESO
Me gustan los museos. Es una enfermedad más extendida de lo que parece, que dificilmente tiene cura y puede llegar a ser contagiosa. De todas formas, como es difícil morirse de eso, no se trata de un gran problema.
La gente que la padece, cuando llega a un lugar que no conoce, busca un museo para recorrerlo con paciencia y satisfacción. Algunos de estos enfermos pueden desarrollar un síntoma añadido: la adicción a las tiendas de museos, en las que no puedes permitirte más que un boli, pero aún así entras a babear.
Sin embargo, alguien con conocimientos de brujería y mucho amor por mi salud, me echó una bendición en lo que a museos se refiere. Creo que el objetivo final es desanimarme, impedir que siga intentando ver museos.
¿Qué de dónde he sacado semejante estupidez? A los echos me remito:
Todo empezó hace tiempo...
- Visité Londres, cuando tenía doce años. El día que íbamos al British Museum fue justo después de la primera noche que no dormí. Me sentía muy mayor y tal, pero es obvio que no estaba acostumbrada, no podía mantener los ojos abiertos, ni la cabeza levantada. No me acuerdo de nada más que de la cafetería.
- Cuando fui a París, escogí el único fin de semana que los trabajadores del Louvre hicieron huelga. Bastante frustrante, piensas que vas a ver la Monalisa, o la escultura de abajo, y acabas dando vueltas bajo la lluvia.

Psiqué reanimada por el beso del amor, creo que se llama, es de Antonio Cánova
- En Boston, coincidí con periodo de la campaña electoral, y lo que es peor, con la convención demócrata. Algo así como el congreso del partido. Y la política estadounidense es un circo de tres pistas. Así que cuando quise ir al museo de Bellas Artes, me encontré a Indi Jones en la puerta, junto a su amigo el hombre gordo del fez en la cabeza. Sí, ese de los mil hijos, el que salía en la peli del arca de la alianza... No sé si me explico. Bueno, a lo que iba, que estaban en la puerta y eso ya lo vi raro. Luego me di cuenta de que la gente llevaba perlas y vestidos de cóctel al museo, y también me extrañó un poco. Le pregunté al amigo de Indi, que se rió un poco de mí, y resultó ser parte de la fiesta demócrata que había alquilado dos tercios del museo. Sí, he dicho alquilado. A lo mejor fue "una cesión coincidente por casualidad con una donación" o algo así, pero viene a ser lo mismo. Así que allí estaba esa gente, tomando canapés frente a los Van Gogh mientras yo veía figuritas de vudú (No es una metáfora, es que los había, y no con agujas sino con clavos. Muy gore).
- Después, en Nueva York, ningún problema. No parecía haber impedimentos. Pero ¿qué persona en su sano juicio cree que en DOS HORAS me da tiempo a ver el Metropolitan? Hice lo que pude con prisa. De todas formas, acabé con la sensación de estar viendo el tesoro de un pirata. De un pirata que no navegaba en veleros y con sables de abordaje, más bien viajaba en avión con talonarios.
- En Irlanda, mis alegres compañeros de viaje se empeñaron en que el museo de Galway llevaba siglos cerrado, y no merecía la pena intentar volver en el horario normal. Al menos pudimos ir al de Waterford.

¿A que no tiene tan mala pinta? Sólo tiene la pintura un pocod desconchada, y uno de mis compañeros de viaje en la puerta.
Nahuel — 29-07-2005 22:16:13
Nahuel — 29-07-2005 22:21:43
Capitán Cannabis — 03-08-2005 18:48:03
crispa — 04-08-2005 03:01:55