Todo el mundo tiene miedo de cosas. De cosas serias, como qué-diablos-hago-cuando-acabe-la-carrera, de cosas de críos, como la sombra en nuestro dormitorio por la noche, o de cosas irracionales, como de encontrarse un escorpión en el zapato. Por ejemplo.
A mí siempre me ha preocupado seriamente la posibilidad de volverme loca del todo, no con una pequeña y adorable ida de olla como ahora, sino loca de verdad.
Eso por un lado.
Por otro lado, se supone que llevar un diario, o desahogarse como hago yo aquí, es terapeútico. Y también disfrazarse. Así que dado que me paso la vida divagando aquí, y yo no suelo vestirme cuando puedo disfrazarme, debería tener una salud mental a prueba de bomba. A pesar de los sistemas de matriculación de la tecnológica complutense.
Y sin embargo, creo que cada vez pierdo más la cabeza. Entre otras cosas, cada vez tengo menos paciencia con la gente, paso menos tonterías... Y en un autoanálisis casero (dos horas al día en autobuses como mínimo dan para mucho), tras mirar mi odiado abono rojo, me pregunté horrorizada:
¿No será que me estoy haciendo mayor?
Luego me acordé de los instrumentos que pueden aparecer en mi bolso (pistola de agua de Nemo, maracas, coche de juguete, dados de muchas caras y muchos colores, chocolatinas...). Y me quedé más tranquila: No me hago mayor. O más preocupada: Me estoy volviendo loca.
O aterrorizada: Ambas cosas a la vez.
A veces debería dejar de pensar.
Y después de todo este rollo, echadme una mano: ¿qué os da miedo? Que intento escribir algo que asuste y yo soy demasiado cobarde como para que mis sustos asusten a los demás.
Nahuel — 09-10-2005 21:10:49
crispa — 09-10-2005 22:07:08
Ardid — 09-10-2005 22:58:43
Alberto — 10-10-2005 12:24:49
Alberto — 10-10-2005 12:27:41
Fizban — 10-10-2005 14:51:28