Saludos, pequeñuelos. Esta noche quiero hablar sobre las manías.
Se supone que las manías son algo negativo. Por un lado, se asocian con la vejez, a la típica obsesión de viejecillo.
Por otro, nadie dejaría a un maniático a cargo de sus gatitos.
Yo, que en el fondo soy como una abuelita, tengo un montón de manías. Y últimamente me he estado fijando en las mías, y en las de los demás.
He llegado a la conclusión de que algunas manías están bastante más aceptadas socialmente, o lo que es lo mismo, más extendidas. Pues sí que es verdad, diréis, crispa nunca se entera de nada. No es nada nuevo.
Bueno, pues vale, no es ningún descubrimiento. Pero lo que a mí me ha llamado la atención es que esas manías más comprendidas son las que tienen que ver con herramientas. Con instrumentos.
(a todo esto, recuerdo que un profesor me dijo que eran las herramientas las que nos diferenciaban de los animales. Una tontería, porque muchos bichejos usan herramientas. Y además, en distintos cursos y asignaturas ya he oído que lo que nos diferencia de los animalitos es la palabra, la abstracción de pensamiento, el arte, la escritura... cuánta teoría. Y cuanta obsesión por no sentirnos animales.)
Pero a lo que iba. Manías y herramientas. En el fondo, la herramienta se convierte en una prolongación de nosotros mismos. Se supone que es algo que nos ayuda a conseguir un resultado A que tenemos en la cabeza, a partir de unos materiales B.
Fijaos, sino. A mí me gusta cocinar. Y me pone mala que llegue alguien y utilice ese cuchillo con el que estoy cortando las verduras, para abrir una lata. O que cojan esa espátula con un agujero, que sirve para remover y mezclar masas, y tras intentar usarla para rebañar un cuenco, se pongan a despotricar que "para qué
sirve una cuchara con un agujero, qué cosa más absurda", y tal y tal. No te fastidia, utilízalo para lo que sirve y será útil.
O un ejemplo estupendo: los ordenadores. Que también son herramientas. Puedes intentar hacer un trabajo en equipo todas las veces que quieras, con un ordenador. Con tu mejor amigo, con tu hermana, con tu alma gemela. Que vas a acabar de los nervios te pongas como te pongas. Primero te quedas el teclado, y la dejas el ratón a tu compañero. Entonces te pone de los nervios su forma de seleccionar los archivos, o no haces más que decirle donde tiene que hacer clic. Bueno, os cambiáis. Y no hay quien aguante ese ritmo detortuga al teclear. O al revés, ni sabes lo que está haciendo de lo rápido que va. Además, usurpa tu terreno (el ratón) porque se sabe los comandos para sustituirlo con las teclas.
Más manías con instrumentos: vosotros, ladrones de bolis, que nunca compráis uno si podéis cogerlo del suelo, o del estuche de vuestro más querido amigo, o de la mesa de ese desconocido. Hay un infierno especial para vosotros.
Lo que quiero decir es que también los bolis, cuadernos, y demás útiles de papelería son herramientas. Así que también tienen sus maniáticos. Desde el color que prefieres para escribir (los hombres escriben en azul, y lo demás son mariconadas, decía un amigo hace poco, y otro consideraba más viril el negro).
Y eso, que al menos ya sé cuáles de mis manías son socialmente aceptadas. ¿Vosotros no tenéis manías?
[...] post de crispa, me he puesto a pensar en mis manías. La más peculiar de ellas (las demás son bastante corrientes: robar bolis a los compañeros de oficina, beber un número de sorbos pares, etc...) es la de calentar el café con leche de la no [...]
Fizban — 13-01-2006 12:31:19
ricardo — 13-01-2006 15:08:27
Ari — 13-01-2006 15:20:37
candykisser — 16-01-2006 20:58:56