Supongo que no se puede hivernar eternamente.
Dado que os tenía abandonados, y que cada vez estaba más antisocial (además de un poco psicótica), decidí ir al gimnasio.
Así conseguía cansarme ( y por tanto quitarme las ganas de matar) y tener algo cómico que contar.
Porque claro, humor amarillo me hizo más feliz (soy humana, al fin y al cabo), pero sólo es los fines de semana.
Lo que pasa es que el gimnasio me decepcionó un poco, en cuanto a historias. Vale, no sabía utilizar las máquinas. Vale, por un instante me sentí ridícula pedaleando sin llegar a ningún lado. Me negué en redondo a entrar en una de esas clases con coreografía, en la que pretenden que sepa cuál es la izquierda y cuál la derecha.
Las taquillas tenían un modernísimo sistema sin llaves, en la que apretabas una cosa rara con aspecto de tazo contra la puerta, y se cerraba. Hasta que lo intentaba yo, claro. A mí no se me cerraba, se me encendía una lucecita para vacilarme, pero cerrarse no se cerraba. Bueno, pedí ayuda y después de proabr tres taquillas, conseguí cerrarla.
Una de las ventajas del tazo-cierra taquillas es que puedes coger la taquilla que quieras. Ah, estupendo, así no tienes el número apuntado en ningún sitio y puedes jugar al divertido juego de "busca tu taquilla", recorriendo las tropecientas puertecitas con tu tazo mágico. Yuhu.
Lo que os decía de las máquinas... ¿sabéis esa escena de lost in traslation, en la que el tío va al gimnasio y está en una especie de máquina diabólica con bastones que se mueven? Pues probé a ver, y efectivamente se vuelve loca, como no agarres los bastones esos se acelera y de ahí no te baja ni el cuadro de opositores a bomberos que -supongo- hay en cada gimnasio.
Había sauna y piscina, pero eso lo investigaré otro día, o algo. O no, que echando cuentas por el precio de hacer el tonto un día en el sitio este, me tomo un montón de cola-caos o cañas en la facultad, depende de la hora.
Por otra parte, pensaba yo que si somos producto de una evolución de millones de años, se supone que nuestros músculos, nuestros tendones, etc., han ido apareciendo porque los necesitábamos para sobrevivir. En cambio, ahora vivimos de tal forma que no sólo no los necesitamos, sino que tenemos que pagar, ir a un sitio, y hacer ejercicio sólo para hacer ejercicio.
Vamos, que de esfuerzo físico necesario para sobrevivir, de medio de vida, ha pasado a un fin en sí mismo porque no nos hace falta.
Ya sé que era obvio, es que a veces redescubro el mundo, sobre todo si antes he estado aislada unos días.
Pero eso, que he salido de casa. Y he actualizado.
Fizban — 02-02-2006 13:54:27
Ari — 02-02-2006 15:59:19
Ari — 02-02-2006 16:00:12
ricardo — 03-02-2006 09:43:26
crispa — 03-02-2006 12:30:17
Fizban — 04-02-2006 18:52:02