Bilbao y yo tenemos una no-relación extraña. Todos los años me paso un mes a menos de una hora de allí, pero no sabría decir un bar donde tomarme algo. Es una ciudad a la que voy a veces, pero que nunca termino de conocer. Como ese vecino del edificio de enfrente. No le conoces de nada, pero ves su casa desde tu ventana y sabes cosas que su madre ignora, como que tiende los calcetines de la lámpara del salón. O algo así.
Antes de nada, Bilbao no es bonito. Pero tampoco es feo, o al menos ya no tanto. Es raro. Por un lado, hay muchísimos edificios objetivamente bonitos, construidos en el siglo XIX (creo) con molduras, balcones, y a veces azulejos en la fachada. No muy altos, pero dignos y señoriales. Sin embargo, el conjunto no es digno ni señorial. Será porque estos edificios no suelen estar juntos, será porque las estaciones (preciosas, como la de la línea a Santander) necesitan un lavado de cara... Ni idea.
Pero cada año, la ciudad tiene una cara más amable que el anterior. Bilbao intenta superar su época dorada de industriales con amplias avenidas, zonas verdes... Cada vez hay más edificios de arquitectura moderna. Están los museos, los hoteles y los edificios de las universidades (Deusto y la UPV), sin olvidarnos de los puentes. Por cierto, ¿en qué estaría pensando Calatrava al hacer un puente con el suelo de cristal? ¿Nadie le habló de que resbala con la lluvia? ¿Nadie le dijo que en Bilbao llueve? Supongo que no, ya que también hizo un aeropuerto preciosísimo pero en el que la gente tiene que esperar fuera.
Así que no termina de ser muy bonita, pero está en ello.
Pero sigamos. Una cosa que se nota cuando eres de fuera y llegas a Bilbao, es que hay muchos récords. No se me ofendan, familiares y amigos, pero todos los bilbaínos juran y perjuran que viven "en el centro exacto" de la ciudad. El parque junto al Guggenheim es "la zona de juegos infantil más grande de Euskadi". Y así todo. Vas de admiración en admiración.
Merece la pena pasear por la Gran Vía, visitar el Casco Viejo (donde podremos ver cómo una diminuta pollería comparte pared con la catedral, curioso) y tomar un helado para pasear más, esta vez por la ría. El centro de la ciudad no es muy grande, y si uno tiene ánimos, merece la pena recorrerla a pie.
En cuanto a transporte, tiene su gracia. Los autobuses de la ciudad se llaman Bilbobus. Los que conectan con los pueblos de la zona Bizkaibus, y el tren equivalente al cercanías Euskotren- no confundir con el tranvía, Euskotran, que es desde ya mi medio de transporte preferido para la ciudad- . Por si había duda de dónde estábamos. Ojo, que en el metro hay que meter el billete también al salir, yo siempre lo pierdo en el fondo del bolso y tardo siglos en salir a la superficie.
Lo que no entiendo, y no había notado hasta este año, es la cantidad de salones de juego que hay por todas partes. En serio. Fijáos.
ari — 12-09-2006 02:02:16
Ediciones Resaka — 12-09-2006 09:21:04
ari — 14-09-2006 22:24:16