Antes de nada, aclaremos una cosa, pequeñuelos. Tengo bastantes amigos, a los que (os) quiero mucho, y con los que me gusta estar.
Sin embargo, eso no significa que no me guste estar sola. En mi opinión, la soledad está infravalorada. Me refiero a la soledad elegida, voluntaria, no a estar perdido en una isla hablando con las langostas.
A mí me encanta estar sola. Pensar en mis cosas, escribir, leer o ver la tele. Hay determinadas películas que sólo veo sola, porque estoy más cómoda o me apetece más.
Si estoy sola en casa, cocino como nunca y me pongo hasta velas en la mesa, copa en vez de vaso y un mantel bonito. O doy paseos. Sí, yo sola.
Esto último es una frase que me enerva tener que repetir. Soy consciente de que la gente lo hace con buena intención, pero cuando me preguntan qué voy a hacer, y lo primero que me responden es "¿¿¿¿Tú sóla????", como si yo fuera una pobre vagabunda digna de lástima, me hago un poquito más de la escuela del odio.
Me he dado cuenta de todo esto en agosto, un mes que suelo reservar en su mayoría para mí. Me voy a mi escondite a oler el mar, a comer y dormir bien. Y a hacer cosas sola, sí. Ir a Bilbao. A una exposición. A tomar chocolate a una pastelería. Sentarme en la atalaya del pueblo con un cuaderno y escribir, a ser posible sin que la gente empiece a hablar de la hija de mi edad que me pueden presentar si estoy desesperada.
No siempre disfruté de la soledad. Antes veía casi con terror los días que tenía que comer sola. Pero supongo que me fui haciendo mayor, o más antisocial, o más sensata, o a necesitar desestresarme.
Lo que quiero decir es que estar solo, de vez en cuando, no es malo. Es un placer. Un descanso para el alma. Y que me resulta incomprensible por qué está tan mal visto.
¿Opiniones?
Ediciones Resaka — 15-09-2006 09:31:49
ari — 16-09-2006 16:55:24
muffin — 17-09-2006 09:33:28
Eliciya — 19-09-2006 11:56:31
Fizban — 19-09-2006 16:49:20