Hay gente- lo sé de buena tinta- que se queja de que en las universidades públicas todo está más viejo, o incluso roto. Hay voces que se lamentan porque no se compran ordenadores o cualquier otro aparato tecnológico, y estudiantes indignados porque, según ellos, las universidades privadas tienen muchos más medios y todo es más bonito y reluciente.
Pues bien, esto es radicalmente falso, y tengo pruebas. Yo aún diría más: tengo pruebas y es radicalmente falso. Todos esos descreídos pueden ir imprimiendo sus palabras, porque van a tener que comérselas:
Cuando un estudiante solicita una copia de su expediente académico a la secretaría de su centro (al menos en mi facultad), se verá abrumado por una serie de lujos dignos de un maharahá.
En primer lugar, este estudiante, al que por poner un nombre al azar llamaremos C. Rispa, rellenará los dos formularios necesarios y abonará 22 euros como 67 céntimos por recibir su expediente. No el que puede imprimir en su casa desde Internet, no. El de secretaría, con sello de secretaría, que es el único que sirve para algo.
Como decíamos, C abona esos eurillos de nada. Entonces comienza el derroche, la fiesta del lujo, el despliegue de medios de la Universidad Pública con mayúsculas.
El sello, como ya habréis adivinado, pequeñuelos míos, se fabrica con oro de 22 quilates. Se trata de un sello único - sí, aunque vaya a dejar el mismo dibujo que en los otros 9.000 expedientes de la facultad- que se forja sólo para ese estudiante en concreto. El mango del sello es de caoba, y sólo pueden tocarlo los Elegidos, los empleados de secretaría: Aquellos que trabajan sólo de 9 a 13.
Por supuesto, este sello de resplandeciente oro no puede rebajarse a tratar con la tinta pelikan que tenéis vosotros en el cajón desde hace 10 años. Se utiliza, exclusivamente, tinta de calamar gigante extraída en vivo por aguerridos pescadores esquimales. Es apasionante, la vida de estos pescadores. Tal vez la tratemos en otra entrega de Caracola.
Y diréis, ¿a qué se debe tanto esmero con el sello? Y yo os respondo: Al papel, por supuesto. Y es que el papel sobre el que imprimen en secretaría (utilizando imprentas manuales, por supuesto) está hecho con una mezcla única de fibras de seda y lino. Vosotros, al igual que C., nunca habéis tocado nada tan blanco, ni tan limpio, ni tan liviano. No iban a poner un simple sello de caucho sobre esa obra de arte de la papelería.
No voy a extenderme más, supongo que os hacéis una idea. Esto ha sido sólo un resumen de los complicados (casi alquímicos) procesos necesarios para obtener un expediente. Pero espero que baste para convencer a los herejes, y que no vuelvan a decir que no hay lujos en la universidad pública. Todo esto, por sólo 22 euros y para plasmar algo tan indigno y de tan poco valor como vuestro expediente académico.
Ahora os dejaré que reflexionéis sobre las bondades de la burocracia, mientras C. espera ilusionada que los monjes tarden poco con las miniaturas en tinta carmesí del insigne cisne de la U. Complutense (que se dibuja antes de poner el sello, en la esquina superior izquierda), y así poder recibir su expediente en el plazo de tres semanas, pasar al siguiente trámite para figurar en la bolsa de prácticas de la universidad y empezar a cobrar por el trabajo en el que lleva más de un mes.
Ediciones resaca — 14-11-2006 09:16:45
Ruth — 19-11-2006 13:35:33
ari — 27-11-2006 17:22:08